DEDO FUERA DEL DISPARADOR HASTA QUE HAYA UNA DECISIÓN CONSCIENTE DE DISPARAR

Parte 4 de la serie sobre las Reglas de Seguridad

9/19/20267 min read

Ahora bien, ya tenemos claro que el dedo debe estar fuera del disparador si no estamos activamente disparando nuestra arma, pero debemos profundizar esto un poco más con la pregunta ¿En qué parte debo colocar mi dedo cuando esté fuera del disparador? Esto nos lleva a un aspecto que muchos instructores pasan por desapercibido, ya que hay formas correctas e incorrectas de colocar el dedo fuera del disparador.

Salgamos un poco del contexto del polígono y vamos a un contexto crítico defensivo. Por ejemplo, debemos correr con nuestra arma en la mano en algún evento de crisis. Si al correr, tropezamos y caemos, con el dedo en una posición que no es la correcta, las probabilidades de una detonación son bastante altas. Si por el contrario al movernos llevamos nuestro dedo bien colocado, afuera y arriba sobre el marco del arma, la probabilidad de que la mano contraiga sobre el disparador, es mínima.

Como mencionamos anteriormente, para que un arma se detone, se requiere una acción directa sobre el disparador, razón por la cual el controlar siempre la posición de nuestro dedo es tan importante. Al inicio, esto requerirá de todo un proceso, en el cuál debemos repetirnos una y otra vez mentalmente y metódicamente la posición correcta del dedo: afuera y arriba. Recuerde, ahora debemos ‘desaprender’ lo que toda la vida hemos hecho. Eventualmente, a través de esta repetición llegaremos a desarrollar una costumbre en la cual lo natural será colocar el dedo correctamente y la excepción sea colocarlo sobre el disparador.




Para entender porqué la posición de este dedo arriba sobre el marco es tan importante tenemos que entender un poco más sobre un fenómeno fisiológico llamado REFLEJO INTERLIMB o INTEREXTREMIDADES. ¿En qué consiste? Es una respuesta del sistema nervioso central en la que la estimulación o el movimiento de una extremidad (hablemos de las manos ya que nos estamos enfocando en el arma de fuego) provoca de forma automática e involuntaria una reacción coordinada en otra extremidad. Bajo circunstancias normales nuestras manos operan de forma independiente. Con una mano podemos saludar a alguien mientras con la otra revisamos nuestro teléfono. Con una mano podemos hacer un puño, mientras con la otra podemos tomar algo del suelo. Nuestras extremidades no trabajan en modo espejo. Sin embargo, a nivel del sistema nervioso existe siempre una conexión entre ambos lados de nuestro cuerpo. Si por ejemplo nuestro teléfono está al borde de una mesa, lo golpeamos y este va hacia el suelo, trataremos de atraparlo con una mano, mientras que la otra mano involuntariamente y reflexivamente va a contraer al mismo tiempo. No es una decisión consciente y no lo podemos controlar, es un reflejo.

Este es un excelente ejemplo del reflejo interlimb. Este oficial de policía aborda un vehículo, con su boleta de infracciones en la mano. Al acercarse nota que la persona tiene un arma de fuego, desenfunda su propia arma repitiendo varias órdenes a los pasajeros. Pero note lo que hace con su mano izquierda. Los fundamentos de disparo y la lógica nos dicen que somos más efectivos para disparar si empuñamos el arma con ambas manos. En este caso lo que resultaría lógico es que el oficial suelte la libreta y tome su arma adecuadamente, pero esto no sucede ¿por qué?

Cuando su cerebro registra la amenaza e instintivamente su mano principal va rápido al arma y la empuña fuerte, su mano secundaria contrae sobre la libreta, ejerciendo aún más fuerza al punto que para él, resulta conscientemente imposible soltar esa libreta.

De igual manera acá tenemos dos variaciones o formas de colocar el dedo que no son las correctas. En el caso de la primera, se carece de un punto de apoyo sobre el cuál pueda reposar el dedo cuando no esté activamente trabajando para disparar. En la segunda, la cuál es aún más común, aunque podría parecer que el dedo está fuera del disparador, tampoco es correcta puesto que genera todavía un riesgo importante.



Acá tenemos otro ejemplo de este reflejo. Dos hombres se enfrascan en una discusión, uno de ellos tiene en una mano unas bolsas de compras. En un momento el altercado pasa a una confrontación física. El hombre de camisa blanca lanza varios golpes con su mano derecha, pero nunca suelta las bolsas de la mano izquierda, ¿por qué? Ante la tensión de la situación y de preparar su puño derecho para golpear, su mano izquierda contrae reflexivamente. La lógica diría ‘’si tienes que luchar físicamente, suelta todo para que puedas usar ambas manos’’. Sin embargo, acá eso nunca sucede.

Ahora bien, ¿Qué tiene que ver esto con las armas de fuego? Como mencionábamos antes, el dedo debe llevar una posición arriba sobre el marco del arma, esa posición la debemos encontrar de forma automática cuando nuestro cerebro identifica que ya no realizaremos más disparos. En el contexto de un polígono de tiro, cuando el arma de fuego está realizando su funcionamiento, existe la posibilidad de que alguno de los casquillos rebote o por efecto del viento se devuelva a nosotros e ingrese dentro de la ropa. Ese casquillo acaba de ser parte de una reacción química y una detonación, por ende, al salir del arma de fuego está sumamente caliente. En el momento en que este casquillo hace contacto con la piel, nuestro cerebro inmediatamente lo identifica como un peligro y manda la señal al resto del cuerpo con un mensaje claro ‘’¡remueva eso caliente!’’. ¿Qué pasa si no lo hacemos? Nada, a los segundos el casquillo se enfriará y luego nos quedará una marca roja pequeña sobre la piel que a los pocos días desaparece. Pero eso nuestro cerebro no lo entiende, y en ese momento, nuestro cerebro es el que manda. Enviará la señal a los brazos y manos para remover ese casquillo. Si tomamos una decisión rápida y consciente a tiempo, antes de ir por ese casquillo, nuestro dedo saldrá del disparador para mitigar el riesgo de una lesión. Por el contrario, si nuestro dedo queda, aunque sea cerca del disparador, la posibilidad de que este contraiga a causa de lo que nuestra otra mano hace (buscar el casquillo) y genere un disparo es bastante alta. Observe todos estos ejemplos a continuación.

La teoría de esta regla es sencilla: hasta el momento en que nuestro cerebro toma la decisión de que debemos accionar nuestra arma de fuego, es que nuestro dedo ingresa al disparador. Esta regla requiere dos elementos:

1- El primero va a asociado a la regla anterior (No apunte a nada que no quiera lastimar ni destruir), ya que se requiere que el arma de fuego esté en una posición en la cuál ya puede dispararse, esto implica que debe estar apuntando hacia una dirección segura o un objetivo claro.

2- Se requiere una decisión consciente de hacerlo. El dedo nunca puede entrar al disparador por simple instinto ni de forma automática, si no que debemos hacerlo bajo una acción voluntaria.

Esta regla de seguridad resulta de suma importancia hoy en día, siendo que la mayoría de las armas que se adquieren en el mercado actual para defensa personal carecen de un mecanismo de seguro manual externo. Armas como por ejemplo la línea M&P de Smith & Wesson (la mayoría), la línea p365 de Sig Sauer y todas las Glock, son de las plataformas de mayor venta para portación oculta, y la gran mayoría de los modelos disponibles carecen de mecanismos de seguridad externos en su diseño. Por el contrario, lo que utilizan son mecanismos internos para prevenir detonaciones por caídas y su uso seguro depende directamente de las buenas costumbres en la manipulación de sus usuarios.

Acá es importante hacer una aclaración: las armas modernas no se disparan solas. Se requiere siempre una acción física sobre el disparador. Igualmente importante anotar que esa acción física no necesariamente se refiere al dedo índice. Puede ser una falda de camisa, un lapicero, unas llaves, un cordón, o cualquier cosa que llegue a generar el movimiento del disparador. Esta es una de las razones por las cuales el arma se debe llevar en una funda adecuada, de un material rígido y diseñada específicamente para su arma (descartando llevar el arma en una guantera, en un bolso, un salveque, etc).

Pero ¿Por qué esta regla cuesta un poco al inicio? Piense un momento cuando usted era niño, y recibía de regalo una pistola de juguete. ¿A quién de niño le enseñaron la forma correcta de colocar el dedo al tener un arma de juguete en sus manos? Probablemente a nadie. Pero desde niños sabemos cómo funciona el arma de fuego. Desde niños sabemos que al colocar el dedo sobre el disparador (o lo que siempre habíamos conocido como ‘’gatillo’’) el arma funciona. Esto implica que desde muy pequeños traemos el ‘chip’ mental de llevar nuestro dedo al disparador automáticamente y esto quiere decir que ahora de adultos debemos ‘desaprender’ lo que toda nuestra vida hemos hecho al tocar un arma, así haya sido de juguete.

Esta imagen nos ilustra de forma clara la forma correcta de apoyar el dedo sobre el arma cuando no estemos disparando. Notemos la posición del dedo recta y apoyado sobre el marco del arma

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