TODA ARMA SE MANIPULA COMO SI ESTUVIERA CARGADA

Parte 2 de la serie sobre Reglas Universales de Seguridad

9/15/20264 min read

Esta podríamos decir que es la regla que gobierna a las demás, y de cierta forma si nos limitáramos a cumplir esta regla ya tendríamos suficiente para evitar negligencias en el uso y manipulación del arma de fuego. Sin embargo, como mencionábamos en la primera parte de esta serie, las reglas de seguridad cumplen igualmente una función de redundancia, por lo cual el tener las demás reglas nos brinda capas adicionales de seguridad.

Como en las otras reglas, esta cuenta con distintas variaciones en función de quién la exponga o la enseñe: ‘’toda arma se considera como si estuviera alimentada’’…. ‘’toda arma se considera cargada y alimentada’’… ‘’conozca el estado de su arma en todo momento’’… y otras más por ahí. Si bien es cierto podríamos hacer una diferenciación técnica entre lo que es un arma cargada vs. un arma alimentada, debemos entender que muchas veces la finalidad de estas reglas es exponerlas a personas que apenas inician en esto de las armas, o inclusive personas que no tienen un arma de fuego, como es el caso por ejemplo cuando se aborda el tema del riesgo de las armas de fuego a grupos de estudiantes. Siendo así, podríamos entender que para la gran mayoría de personas, la palabra ‘cargada’ es sinónimo de un arma alimentada, y si con esto logramos que la conceptualización de la regla se logre, es suficiente.

Ahora bien, si estamos en una capacitación o una clase de inducción de armas de fuego, tomamos un arma y con una advertencia muy clara decimos a uno de los participantes ‘’le voy a entregar esta arma, está cargada’’, ¿qué reacción es inevitable generar en esta persona? Evidentemente la persona tomará una postura de mucha precaución. En su cerebro saltan alarmas que le dicen inmediatamente ‘’debo manipular esa arma con mucho cuidado’’, ¿Por qué? Por que en su cerebro ya existe la advertencia de que esa arma está cargada, y eso se traduce a que esa arma está lista para disparar y que tan solo un pequeño error podría significar un disparo involuntario o peor aún, una lesión o una muerte. Por el contrario, y esto resulta muy común de ver en polígonos de tiro, cuando una persona entrega un arma a otra y le indica ‘’tranquilo, ya está descargada’’ se genera el efecto totalmente contrario en quien la escucha. Si la anterior frase generaba precaución y más cuidado, esta segunda genera relajación y conformismo en la manipulación del arma. La palabra DESCARGADA, es lo primero que debemos eliminar de nuestro vocabulario cuando de armas de fuego se refiere. NO EXISTEN las armas descargadas. Podremos tener ante nosotros un arma cuyo cargador ya fue removido, y cuya corredera se encuentra bloqueada hacia atrás, la cual resultaría mecánicamente imposible que realice un disparo, y aún así, si partimos de que esta arma se debe considerar cargada, continuaremos con todos los cuidados posibles al manipularla.

Muy de la mano con todo esto va el conocer en todo momento la condición de su arma de fuego. Utilicemos como ejemplo la práctica de tiro seco, la cual es una herramienta sumamente útil para pulir muchos aspectos en la manipulación del arma de fuego. Sin embargo, ¿Cuantas personas tienen en su casa de habitación una pared con un parabalas hacia el cuál pueda realizar sus ejercicios de tiro seco? No es, a todas luces, un requisito realista. Con esto en mente, quien tomaría un arma cargada (alimentada) y la apuntaría intencionalmente hacia estructuras donde no quisiéramos nunca realizar un disparo, como por ejemplo una pared que colinda con algún vecino o que da hacia vía pública. Entonces ¿Cómo realizamos nuestros ejercicios de tiro seco si debo asumir que el arma está siempre cargada? Y acá es donde conocer en todo momento el estado del arma de fuego resulta vital. Esto pasa igualmente por realizar inspección visual y táctil de la recámara para confirmar que nuestra arma se encuentra en una condición segura para poder trabajar el tiro seco. De igual manera un aspecto sumamente importante acá es el de conocer a cabalidad el funcionamiento y los mecanismos del arma de fuego, saber cómo se despeja adecuadamente, saber cómo se comporta la corredera al halar de ella, saber la secuencia correcta a seguir al despejar el arma, etc.

En este apartado de la primera regla podemos agregar una precaución adicional: EVITE MANIPULACIONES INNECESARIAS DE SU ARMA DE FUEGO. El arma de fuego debería tener únicamente dos lugares donde estar, en una funda diseñada para esa arma sobre el cuerpo de su propietario o en una caja de seguridad donde se almacena cuando no es portada al cuerpo. Las manipulaciones innecesarias son puntos clave de riesgo donde puede generarse un accionamiento negligente. Todos estos videos a continuación son ejemplos perfectos de esto. Hay lugares, momentos y formas adecuadas para manipular un arma, cuando se falla en comprender esto, la probabilidad de una tragedia aumenta.

Acá en este video por ejemplo podemos observar como todos estos aspectos mencionados son ignorados totalmente. 1) El operador inicial del arma de fuego no conoce el mecanismo de funcionamiento de su arma, o bien lo conoce pero su nivel de conformismo le lleva a realizar una manipulación incorrecta para despejar el arma. 2) Deja su arma desatendida al acceso de terceros. Este error puede costar muy caro al estar cerca de personas que no tienen las reglas de seguridad debidamente interiorizadas. 3) Quien finalmente toma y manipula el arma termina rompiendo todas las reglas de seguridad y el resultado es predecible e inevitable.

Y acá otro ejemplo de una secuencia de manipulaciones con un desenlace predecible, que se pudo haber evitado a partir de esta persona conocer el estado de su arma y manipularla adecuadamente. Como nota adicional de aprendizaje, nótese el sangrado que este error generó. Si esta persona no llegó a un torniquete en menos de 4 minutos, su vida terminó a causa de su pésima manipulación.

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