NUNCA APUNTE A NADA QUE NO QUIERA LASTIMAR NI DESTRUIR

Parte 3 de la serie sobre las Reglas de Seguridad

9/16/20263 min read

No apunte su arma a nada que no desea lastimar ni destruir

Variaciones:
- Siempre apunte su arma a una dirección segura
- Apunte su arma siempre hacia el objetivo
- Apunte su arma hacia la dirección de menor consecuencia

Escoja la variación que guste, el espíritu de la regla es el mismo y este es que el cañón del arma de fuego debe apuntar siempre a una dirección segura. La razón es obvia y puede parecer a muchos hasta absurda por lo básico de la explicación: el diseño mecánico del arma de fuego implica que por medio del cañón saldrá el proyectil al realizarse la acción de detonación, por ende, la dirección en la que se encuentre ese cañón, sería la dirección hacia la cual se dirigirá el proyectil.

Esa es la parte fácil. Esa es la parte que todo mundo entiende, y hasta aquellos que escuchan esto por primera vez asientan la cabeza en aprobación. Igualmente, esta es la regla que más se a menudo se rompe en la manipulación del arma de fuego. Quienes trabajan en contextos como armerías o polígonos de tiro estarán de acuerdo que el incumplimiento de esta regla es sumamente recurrente.

Pero ¿por qué? ¿Por qué esta regla la entiende la gente de forma sumamente clara al explicársela, pero la rompen de forma constante ya en la práctica? La explicación está en los movimientos involuntarios y en la falta de interiorización por falta de corrección externa (instructores o compañeros que les hagan entender el error). Para quienes llevan algún tiempo ya en el tema de las armas de fuego, el cuidar la dirección de su cañón se ha vuelto algo ya natural e instintivo (o al menos así debería ser), por lo que el romper esta regla resultaría inexcusable para ese tipo de usuarios. Sin embargo, para aquellos que apenas inician, los movimientos involuntarios muy comúnmente causan que el arma de fuego apunte directamente adonde no debería. Abajo dejaremos una serie de ejemplos de situaciones en las que personas apuntan un arma hacia direcciones inseguras sin ni siquiera tenerlo presente o percatarse de lo que están haciendo. No hay una intención clara de herir a alguien más, podríamos decir que son movimientos completamente inocentes. El problema acá es obvio, no estamos lidiando con un objeto inofensivo, donde los errores se quedan en una simple anécdota. Por el contrario, al trabajar con armas de fuego lidiamos con un objeto que de manipularse de forma equivocada puede generar lesiones graves o la muerte, ya sea propia o de terceros. Es por esto que, si bien es cierto, cuando alguien apenas inicia se le otorga cierto grado de comprensión en relación a esta regla, eso no debe nunca confundirse con flexibilidad. La corrección y la reiteración de esta regla debe ser obligatoria. Como señalábamos, en todos estos ejemplos no existe una intención clara de lastimar a otros, pero la realidad es que al arma de fuego, su intención no le importa. El arma de fuego hará lo que está diseñada para hacer: ante el accionamiento del disparador, se genera una reacción química que ocasiona la detonación de la pólvora, esta explosión es la que eventualmente genera el desplazamiento a muy alta velocidad del proyectil por el cañón en la dirección en la que este esté apuntando. Eso es todo. A ese proyectil no le importará si quien está frente al cañón es un amigo, un familiar, un ser querido, un objeto o un espacio vació. La intención se quedará para después. Eso lo analizará un fiscal y posteriormente un juez, y a partir de ese análisis se determinará si cabe una acusación y eventual sentencia mayor o menor.

Acá es donde el tema de la redundancia empieza a tomar forma. Imaginemos que tomamos un arma, y cometemos el error de romper alguna de las otras reglas de seguridad, por ejemplo colocamos el dedo en el disparador cuando no deberíamos, irresponsablemente accionamos el arma y esta dispara. Pero imaginemos que el arma está apuntando en una dirección segura, hacia el piso, hacia un parabalas en el polígono, hacia una trampa de arena, etc. ¿Cuál será el resultado? El arma disparará, para eso está diseñada, nos asustaremos, al igual que cualquier otra persona que esté en cercanía, pero a partir de mantener una dirección segura del cañón, habremos evitado una tragedia mayor.

Por todo esto es que la dirección en la que apunta nuestra arma de fuego debe siempre estar conscientemente presente al manipularla. Al principio esto requerirá repeticiones constantes y muy intencionales, pero con el tiempo el mantener el cañón en una dirección segura deberá llegar a ser algo ya instintivo.

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